TRES DISCIPLINAS DE UN SIERVO DE CRISTO
TRES DISCIPLINAS DE UN SIERVO DE CRISTO(Soldado, Atleta, Labrador)
El año 2015, me visitó un flamante seminarista,
que estaba cursando el último año de sus estudios teológicos. Me dice: “He
venido a visitarte y animarte…” Yo me alegré por estas palabras, porque para mí
siempre ha sido y siempre será una alegría y agradecimiento a la persona que viene
y me anime. Yo sé que todos necesitamos que alguien nos anime y nos de fuerza, para
seguir luchando en esta vida.
La sorpresa fue, cuando después de
felicitarle, dije que contamos con él en la iglesia de nuestro país, con una
persona preparada y le pregunté: “¿Después
de salir de tus estudios, dónde vas a comenzar tu trabajo?” y la respuesta
fue: “No sé hermano, tal vez tengo que
vender hamburguesas o sándwich…” Esta respuesta, me dejó sin palabras por
unos segundos, me sorprendí. ¿Cómo una persona que ya estaba a punto de salir
del Seminario, pudiera responderme de esa manera? A modo de desafiarlo y a que
piense quien lo llamó a la obra, le dije: “¿Estás
estudiando gastronomía? Pensé que Dios te ha llamado a trabajar en su iglesia y
estabas preparándote para ese objetivo…”
Estimado lector, quizás tú eres uno de
los llamados, para cumplir una misión muy importante, a ser obrero de Cristo
(Juan 15:19). Uno de los bienaventurados que tiene íntima comunión con nuestro
Salvador. Si es así, la recomendación de
1 Corintios 15:58, es para ti: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes
y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro
trabajo en el Señor no es en vano.”
Esto quiere decir que, seamos firmes y constantes en nuestro llamado. Debemos
guardar lo que tenemos, para que nadie nos quite la corona.
El diablo nos ha jurado la muerte. Él
anda alrededor nuestro como león rugiente, buscando en que momento devorarnos
(1 Pedro 5:8). Muchas veces se disfraza de ángel de luz (2 Corintios 11:14). Por
eso, muchos que comenzaron el trabajo, terminaron en la derrota.
A unos, el mundo con sus placeres
pecaminosos los ha recapturado; se cansaron de la lucha de la fe y se convirtieron
nuevamente en esclavos del pecado. Las riquezas y placeres les ahogaron: “Y
parte cayó entre espinas; y los espinos crecieron, y la ahogaron… éste es el
que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas
ahogan la palabra, y se hace infructuosa.” (Mateo 13:7, 22) Otros
fueron arrastrados hacia la desesperación, debido a una larga y persistente
tentación.
Hay quienes fueron seducidos por medio
de falsas doctrinas, novedosas e interesantes; se apartaron de la sencillez de
la fe cristiana, y de la verdadera vida espiritual. Otros cayeron en la vanidad:
Imaginando que eran importantes personajes, desarrollaron tanto orgullo, que
expulsaron la gracia de Dios de sus vidas.
Dios ha llamado
a hombres fieles y hombres de fe, para que la iglesia de Cristo esté nutrida
con la palabra de Dios, cuidada y guiada a Cristo, nuestro Salvador… Somos
llamados, a: “Pastorear la Iglesia de Cristo”. En Jeremías 1:10, dice: “Mira
que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos… para edificar y
para plantar.” No es solo un
pretexto del pastor que está cumpliendo con su deber, sino una misión a lo que
ha sido llamado.
En 2 Timoteo 2:3-4, dice el apóstol Pablo a Timoteo, que
debe comportarse, como soldado de Jesucristo debe ser disciplinado y
siempre dispuesto a cumplir el mandato de su comandante. El pastor es ágil y
dispuesto para la batalla. El pastor, alimenta al rebaño con la palabra de Dios
y por lo cual, no puede enredarse en otras actividades que nada tienen que ver
con su misión, a donde ha sido encomendado; debe dedicarse de lleno a su obra.
En 2 Timoteo 2:5, dice que debe comportarse, como un atleta.
Para estar en forma, necesita renunciar a muchas cosas y costumbres malas, para
que no le perjudiquen en su competencia deportiva. Y en la competición misma,
debe obedecer los reglamentos del deporte si no quiere ser descalificado. Lo
mismo un pastor debe también prepararse y aceptar las obligaciones de su
vocación. Un buen atleta renuncia a cosas malas que le perjudican, de esa
manera va a tener éxito en su competición y recibir la corona de oro, que le
espera en el cielo.
En 2 Timoteo 2:6, dice que debe comportarse, como un labrador.
Antes de disfrutar de los frutos de su trabajo, tiene que preparar el terreno,
sembrar, cuidar de las plagas, desyerbar y esperar con paciencia la llegada del
tiempo de cosecha, para disfrutar de los primeros frutos de su trabajo.
El obrero del evangelio para recibir
esta recompensa maravillosa, tiene que preparar el terreno, sembrar, cuidar,
alimentar y luego, con garantía tiene derecho a los primeros frutos. Pablo no
dice nada sobre qué son estos frutos, pueden ser lo económico o la satisfacción
de ver muchos frutos (personas salvadas). Lo que quiere decir es que sin trabajo
duro, no hay frutos.
Estas palabras, no solo se dirigen a los
que conocemos como pastores, sino a los ancianos y líderes de la Iglesia. Todos
deben saber que este tipo de servicio requiere la devoción de un soldado, la
obediencia de un atleta y el arduo trabajo del labrador. Tres características
bien claras y muy positivas.
¿Qué nos trae a la memoria, de los
frutos?: El fruto del soldado, es la
aprobación del comandante; los laureles del ganador del atleta, puede ser económico, trofeo o diplomas; los primeros frutos
de la tierra del labrador, comer la
bendición de Dios por el sacrifico y la paciencia. Y ver a muchas personas
salvas en la iglesia. (Isaías 52:7; Nahúm 1:15; Romanos 10:15; Salmos 126:5-6).
Apreciado consiervo, sé firme en la fe y
en tu llamado. Cultiva la buena relación con nuestro Salvador. No permitas que
ninguna cosa sea más importante, asegúrate de estar en buena relación con Dios,
estando siempre en paz con “Cristo”, por medio de la fe.
Sé constante en el amor, en la práctica
del bien, y no permitas que la maldad y la ingratitud de las personas te
desanimen. Aguanta, anímate y sé valiente, por un corto tiempo. ¡La constancia
es muy importante! Estás en medio de una lucha por la vida eterna y por los
hermanos que están a tu cargo. Jesús dice: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la
corona de la vida.” (Apocalipsis
2:10). Sé constante en la esperanza y la paciencia, bajo la pesada cruz y los
amargos sufrimientos. ¡Resiste!
Podemos desanimarnos fácilmente, pero si
queremos conquistar las mansiones celestiales, es necesario que luchemos con
constancia. Debemos permanecer unidos a Cristo, firmes en la fe y en nuestro
llamado... Porque la persona que nos llamó, está y estará siempre con nosotros
hasta el fin del mundo: “… a todo lo que te envíe irás tú, y dirás
todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para
librarte, dice Jehová.” (Jeremías
1:7-8); “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos
en el nombre del Padre, y del hijo, y del Espíritu Santo: enseñándoles que
guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros
todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (Mateo 28:18-20). Amén.
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