¿DONDE ESTÁS HACIENDO TESOROS?
¿DONDE ESTÁS HACIENDO TESOROS?
Muy buenos días y muchas bendiciones del
Señor para este día. Esta mañana en nuestro devocional, sentimos que Dios nos
reflexionó… ¿Pensamos vivir para toda la eternidad en esta tierra? ¿Será que es
nuestra decisión, si queremos vivir más o vivir menos? ¿Si en este momento
dejamos de existir, qué pasará después? ¿A dónde iremos? Son preguntas, muy difícil de contestar.
Pero, podemos contestar estas dos preguntas: ¿Hoy en día, dónde estamos
haciendo tesoros? O ¿Dónde está puesto nuestro corazón?
Un hombre muy materialista quiso hacer
grandes ahorros a fin de llegar a ser muy rico. Mandó hacer una urna de metal,
sellada por todos lados y con solo una ranura muy estrecha por donde depositar
billetes. Esto lo hizo porque no confiaba en los bancos.
Al quedar abierta el hombre despidió al
cerrajero y vació la urna esperando encontrar miles de billetes. Muy grande fue
su sorpresa al darse cuenta de que su fortuna se reducía a un montón de
papelitos sin ningún valor. La polilla se había comido todos los billetes.
Aquel hombre se volvió loco y murió poco después sin recobrar la razón.
Cuánta razón tiene el Señor Jesucristo, cuando dice: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la
polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos
tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones
no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro. Allí estará también
vuestro corazón”
(Mateo 6:l9-21)
Tenemos que cuidar nuestro corazón. Si
el corazón del hombre está lleno de tesoros de esta tierra, no tendremos paz,
hay más preocupación y lo peor son tesoros pasajeros, no son eternos. Solo las
cosas que vienen de Dios, son para toda la eternidad…
La palabra de Dios dice: "...
¿Cómo puede decir cosas buenas, si son malos? por qué de la abundancia del
corazón habla la boca. El hombre bueno
saca cosas buenas del buen tesoro de su corazón; el hombre malo saca cosas
malas de su mal tesoro. Pero yo les digo que, en el día del juicio, cada uno de
ustedes dará cuenta de cada palabra ociosa que haya pronunciado..."
(Mateo 12:33-37). ¿Qué fuerte verdad? En nuestro corazón necesitamos invitar a
Dios, y obedecer su palabra. Eso es todo, es muy sencillo, para tener ese
tesoro valioso…
De esa manera diremos como el salmista: "En
mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti. Bendito tú, oh Jehová;
enséñame tus estatutos." (Salmos 119:11-12). Felices las personas
que han limpiado su corazón: "... será como árbol plantado junto a
corrientes de aguas, que da fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que
hace, prosperará porque Jehová conoce el camino de los justos..." (Salmos
1:1-6).
Quiero poner otro
ejemplo: ¿Ha
ido alguna vez a caminar a las montañas más altas? Cuando uno se encuentra en
ese lugar mágico, se siente como si estuviera en la cima del mundo. Qué agradable
sensación: respirar aire fresco, mirar a lo lejos, contemplar la belleza
natural...
¿En sentido espiritual? Eso es lo que
uno experimenta, es tener la dicha de estar en las alturas con Dios. Oremos
como el salmista: “Hazme conocer tus propios caminos, oh Jehová; enséñame tus propias
sendas” (Salmos 25:4). ¿Recuerda
cómo se sintió en su corazón, la primera vez que entregó su vida al Señor? (Miqueas 4:2; Habacuc 3:19). Lo más
probable usted ha experimentado la felicidad que nunca jamás acontecido en su
vida; andar en esas elevadas sendas de Dios es, pura dicha y gozo. Seguramente
se sintió como el salmista: “Por heredad he tomado tus testimonios para
siempre, porque son el gozo de mi corazón.” (Salmos 119:111).
Nuestro tesoro está en Dios y la eternidad
la pasaremos, en ese lugar donde está preparando nuestro Señor Jesucristo: “No
se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi
padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a
preparar lugar para vosotros… vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que
donde yo estoy, vosotros también estéis.” (Juan 14:1-3). Los tesoros de
esta tierra acabarán y son pasajeras, el tesoro más valioso se encuentra en
Dios.
¡Qué bonita
noticia! ¿Verdad? Si no ha recibido a Jesús como Señor y Salvador, hoy es el
día para que lo haga. Recuerde que, tomados de las manos del Salvador,
emprendemos el maravilloso camino hacia el crecimiento personal y espiritual.
No se arrepentirá de tomar esta decisión. Sin Él no podremos hacer nada (Juan
3:16; Juan 15:5).
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